El Festival 10 Sentidos inaugura en Las Naves la instalación ‘Crying Glacier’ del artista sonoro Ludwig Berger
El artista suizo Ludwig Berger presentó ayer en Las Naves de Valencia ‘Crying Glacier’, una instalación incluida en la programación del 15º Festival 10 Sentidos que recoge los sonidos internos del glaciar Morteratsch (Suiza), registrados por Berger durante una década mediante hidrófonos sumergidos en sus grietas.
Antes de la inauguración de esta pieza, que estará abierta al público hasta el próximo 24 de mayo en el horario habitual del centro,el artista mantuvo una conversación con el ambientólogo valenciano Andreu Escrivà. Previamente, el público asistió a la proyección del documental de Lutz Stautner que relata el proceso de grabación llevado a cabo por Berger en el glaciar con el objetivo de conservar la memoria sonora de un paisaje que lamentablemente está desapareciendo debido al calentamiento climático.


Un alegato desde Senegal contra la invasión de microplásticos
La programación del fin de semana del Festival 10 Sentidos culminará hoy domingo 17 de mayo a las 18:00h en el Museu de Belles Arts de València con la intervención de la compañía Cie Fii ak Fee. El artista senegalés Ibrahima Niassy (Pisco) presentará su obra ‘Droits de la Nature’, una pieza que sitúa al espectador frente a una de las fronteras más críticas del pensamiento contemporáneo: el reconocimiento de la naturaleza como un sujeto de derecho y no como un mero recurso.
Inspirada en su formación en la École des Sables y arraigada en su herencia africana, esta pieza coreográfica es un alegato contra la invasión de microplásticos, un problema global que se sufre especialmente en países como Senegal debido a los problemas estructurales de gestión de residuos, que acaban en playas, canales y el océano, donde se fragmenta en microplásticos por efecto del sol y el oleaje.
‘Droits de la Nature’ funciona también como un elogio a la naturaleza como símbolo de vitalidad, racialidad y conexión con la sabiduría de cuerpos ancestrales y al mismo tiempo una denuncia contundente de su destrucción.
A través de un lenguaje físico que entrelaza la tradición y la vanguardia, Pisco transforma la danza en un manifiesto vibrante contra la explotación de los ecosistemas. En esta coreografía, el cuerpo del artista se convierte en tierra que se agrieta y agua que reclama su cauce, exigiendo justicia climática desde una perspectiva global. Es una llamada a entender que la sostenibilidad es, ante todo, una urgencia vital y una herencia espiritual necesaria para preservar la dignidad humana.

